El Dr. Holmes





Herman Webster Mudgett, más conocido como Dr. Holmes es considerado uno de los primeros asesinos nortemericanos, ya que secuestró, torturó y asesino a unas doscientas personas en su hotel de Chicago.


Entre las particularidades del edificio encontramos numerosas salas insonorizadas, pasadizos secretos y toboganes, trampas...


Nacido en 1860, Herman Webster Mudgett era miembro de una familia adinerada. Desde pequeño resultó ser problemático y cruel con los animales y los niños. Estudió Medicina en la Universidad de Michigan, y durante esta etapa, se dedicó a estafar a compañías de seguros robando cadáveres, desfigurándolos y haciendo parecer que habían muerto en un accidente. Era un hombre atractivo que se ganaba rápidamente a las mujeres, consiguiendo casarse con una chica de buena familia llamada Clara Lovering. Pero tras los timos, huyó con su dinero y abandonó a su mujer y a su hijo. Conoció a otra mujer que regentaba hostales muy prósperos, y se dedicó a arruinarla antes de abandonarla a ella también.

Se mudó a Nueva York, donde se alojó en casa de un granjero, a cuya esposa dejó embarazada y abandonó. También contrajo matrimonio con una millonaria, Myrta Belknap, y falsificó unas escrituras, estafando a su familia política. En 1887 se asentó en Englewood, y se convirtió en el amante de la farmacéutica local. También mediante falsificaciones contables y malversaciones de fondos estafó a esta mujer, a la que hizo "desaparecer", afirmando que le había comprado la farmacia antes de que ella se fuese hacia el oeste.

Decidió entonces construir un hotel que se inaugurase para la Exposición Universal de 1893, aprovechando así para seducir a las mujeres ricas que se desplazasen hasta allí. Diseñó un edificio con apariencia de fortaleza, con tres plantas, un sótano y falsas almenas, llamado The Murder Castle (El Castillo de la Muerte). En total, había más de 60 habitaciones, trampillas, escaleras y pasadizos ocultos, toboganes, e incluso ventanillas disimuladas en las paredes para observar a las mujeres...



Bajo el parquet, una instalación eléctrica le permitía seguir mediante un panel indicador a sus huéspedes. A través de un sistema de tuberías ocultas en el suelo, provocaba escapes de gas que mataban a sus víctimas. Otras estancias tenían sopletes en las paredes, o muros que se movían para aplastarles. Mediante una serie de conductos y toboganes, los cuerpos caían al sótano, donde había una cubeta de ácido sulfúrico, un horno incinerador y unos recipientes con cal viva.


El Dr. Holmes también disfrutaba torturando a sus víctimas. De hecho, contaba con una habitación llamada el calabozo que contaba con innumerables instrumentos para este fin. La más curiosa era un autómata que hacía cosquillas en los pies hasta morir literalmente de risa. Si alguna víctima intentaba escapar, se activaba una alarma que avisaba directamente a Holmes. Colgaba a sus víctimas del techo y les metía en cubas de ácido lentamente, o las ataba a una presa rotatoria que trituraba sus huesos. También era normal que practicase autopsias o desollara a las personas estando aún con vida.

A través de anuncios en el periódico ofreciendo relaciones o trabajo, atraía a mujeres a las que torturaba hasta hacerlas confesar dónde guardaban su dinero, y luego asesinaba. Una de ellas fue Minnie Williams, que con quien se prometió, asesinando a una de sus amantes y su hija (Julia y Pearl Connor) con el fin de evitar problemas. Minnie vivió un año en el hotel y descubrió la vida oculta de su marido. Investigó algunos de los asesinatos, como el de la joven vendedora de caramelos del hotel o a una taquígrafa y a su novio. Durante una de las visitas de la hermana de Minnie, Nannie, esta se convirtió en la amante de Holmes. Minnie la golpeó en la cabeza con una silla y la mató.

Al finalizar la exposición, Holmes se vio necesitado de dinero e incendió el último piso de su mansión para cobrar el seguro. Pero la aseguradora descubrió que el incendio había comenzado en distintos puntos de la planta, y se negaron a pagar.

Más tarde, Holmes huyó a Texas y se casó con una mujer llamada Georgianna, a quien le dijo que Minnie era su prima. Minnie, curiosamente, fue uno de los testigos del enlace. Algún tiempo después, Minnie desapareció, y Holmes explicó a la policía que había huido a Europa tras asesinar a su hermana. Sin embargo, en el juicio reconoció que la había asesinado.


En 1894 fue arrestado por estafa, y su mujer Georgianna le pagó la fianza. En prisión entabló amistad con un ladrón de trenes llamado Marion Hedgepeth. Juntos idearon un nuevo timo a una aseguradora, haciendo una póliza de 20.000 dólares en caso de muerte de un cómplice llamado Benjamin Pietzel: su "viuda" cobraría el seguro y ellos recibirían una parte. Holmes llevó un cadáver a una playa de Rhode Island y lo quemó, desfigurando su cabeza, y luego se hizo pasar por su amigo para identificar el cuerpo. Pero Holmes decidió cambiar de planes y matarle de verdad. Además, no le pagó a Hedgepeth los 500 dólares prometidos y este le denunció a la policía, que abrió una investigación.


Mientras, Holmes le dijo a la viuda de Pietzel que su marido estaba en Nueva York, y la envió a Detroit para reencontrarse con él, dejando a sus hijos bajo su cuidado. Pero meses después, Holmes empezó a trasladarse solo por todo el país, pues sabía que el detective Pinkerton le seguía el rastro. Cuando consiguieron arrestarle, le dieron a elegir entre ser ahorcado como ladrón o confesar el fraude al seguro, eligiendo lo segundo y quedando en libertad. Su mujer Georgianna y Carrie Pietzel también fueron arrestadas.

Otro detective llamado Geyer empezó a investigar el paradero de los hijos de los Pietzel. Holmes le dijo que se los había llevado Minnie a Europa, pero Geyer continuó indagando hasta descubrir un baúl enterrado en una casa de Toronto, que contenía los cuerpos de las pequeñas Nellie y Alice. Estaba conectado a una conducción de gas, y tal y como Holmes admitió, las había engañado para jugar al escondite, las escondió en el baúl y las asfixió. Pero los Pietzel tenían otro hijo, Howard, cuyos restos carbonizados encontraron en la estufa de la cocina de una casa de Indianápolis.

Intuyendo que en el hotel creado por Holmes hallaría más respuestas, Geyer entró con una patrulla, y encontraron numerosos restos de los crímenes: cenizas de cadáveres, huesos, un reloj de Minnie, fotografías chamuscadas, la huella de un cuerpo femenino en una pila de cal viva, piezas de joyería de las amantes de Holmes, un vestido de Julia Connor y los restos de su hija Pearl, de las que se había desecho al casarse con Minnie...

Algún tiempo después, el hotel se quemó completamente debido a tres explosiones que, según se rumorea provocaron los cómplices de Holmes para evitar ser implicados.

En el juicio, que duró 6 días, perdió el control y se puso a llorar cuando Georgianna subió al estrado como testigo del Estado. Despidió a sus abogados e intentó conducir su propia defensa. Se decía que Holmes fue excepcional como abogado pero que, de todos modos, no pudo salvarse . Declaró haber matado a 27 personas de las 200 que se le imputaron.


En 1896, con 35 años, fue condenado a muerte por el tribunal de Philadelphia. El 7 de mayo murió en la horca, cuya soga estaba mal colocada, provocando que su cuello no se rompiese inmediatamente y prolongando su agonía durante 15 minutos. Para evitar mutilaciones y profanaciones, Homes pidió ser enterrado en un ataúd lleno de cemento, en una fosa de doble profundidad también rellena de cemento, y sin lápida. Un instituto médico ofreció 15.000 dólares por el cerebro del primer asesino en serie norteamericano, pero la oferta fue rechazada por sus abogados.


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